Conventillos en la ciudad del puerto.

En un viaje a Nueva York con mi familia visitamos Ellis Island. En la isla se levanta el monumento más icónico de la ciudad: la estatua de la libertad. Pero también es el lugar al que llegaban los inmigrantes de todas partes del mundo con una sola posesión en común: esperanza. Horas y días pasaban ahí adentro esperando ser aceptados en la tierra nueva que pretendían que fuera el nuevo hogar para ellos pero, especialmente, para sus descendientes.

En el recorrido por el museo de la inmigración hay una sala con la cartelería de la época ofreciendo pasajes en aquellos barcos que transportaban almas errantes divididas en primera, segunda y tercera clase. Lo que más llamó la atención de mis hijos es que en aquellos años, finales del siglo XIX y principios del XX, los lugares más promocionados eran Nueva York y Buenos Aires. Las dos ciudades más prometedoras de América.

La ciudad de Buenos Aires, entre 1869 y 1904, aumentó su población de 177.000 a 950.000 habitantes, es decir, creció cinco veces en tan sólo 35 años. Esto se debió, mayormente, a la inmigración.

Por supuesto, ni existía AirBnB, ni los inmigrantes llegaban al Río de la Plata con recursos como para comprar o alquilar viviendas dignas. Entonces, ¿dónde vivían? Los que se quedaban en la ciudad (muchos fueron pioneros de colonias en provincias como Entre Ríos, Santa Fe, Córdoba o Río Negro) no tuvieron más alternativa que vivir en conventillos.

Con la epidemia de la fiebre amarilla de 1871, (pueden ver el posteo sobre este tema) muchas familias que gozaban de buena posición económica y social se retiraron al norte de la provincia de Buenos Aires abandonando sus casas en la ciudad; en general ubicadas en los barrios de San Telmo, Montserrat, La Boca y Barracas.

La vida en los conventillos era dura y siempre me pregunté en qué condiciones viviría esa gente en sus ciudades natales para preferir un conventillo antes que su lugar de origen. Muchas veces la guerra y la pobreza extrema eran las respuestas.

Se llamaban casa de alquiler o inquilinatos, pero fueron conocidos como conventillos por el diminutivo de conventos, ironizando sobre la cantidad de “celdas” que poblaban las casas. Tenían la particularidad de contar con muchas habitaciones, en dos plantas, reunidas alrededor de un patio grande.

En cada habitación vivía una familia entera, llegaban a vivir diez personas, en condiciones de insalubridad y hacinamiento, por supuesto. A esto se sumaba que muchas veces los habitantes también trabajaban allí: planchadoras, costureras, sastres.

El patio, lugar de reunión, estaba poblado por sogas en donde se colgaba la ropa y se cocinaba. En la puerta de cada habitación había un brasero y a la hora de la comida podía llegar a elevarse hasta el cielo el humo de 30 braseros y sus respectivas comidas.

Pero en el patio también se reunían todas las colectividades que vivían allí. Cada una con sus tradiciones y costumbres, sus idiomas y sus creencias, conviviendo y asimilando con lo porteño. Una tarantela mezclándose con un tango o una polka. Los olores de las paellas, las empanadas, el gefilte fishe, el azafrán y el pimentón.

La higiene era todo un tema. Los baños eran escasos y no había cloacas. Bañarse era casi un lujo y debían turnarse. Las enfermedades estaban a la orden del día.

Hacia 1919, justo después de la Primera Guerra Mundial, sólo en la ciudad de Buenos Aires se contaban 12.470 conventillos que albergaban unas 150.000 personas.

Los conventillos tenían diferentes nombres, muchos hacían alusión a la llegada de los inmigrantes: El arca de Noé, Babilonia o El Palomar.

Uno de los más conocidos fue el de la Paloma. Era tan grande que atravesaba la manzana y tenía entrada por las calles Serrano y por Thames (en el actual barrio de Palermo). Se dividía en cuatro cuerpos y llegó a contar con 100 habitaciones.

Pero su fama se debió, fundamentalmente, a que el dramaturgo Alberto Vaccarezza escribió un sainete llamado, precisamente, El conventillo de la Paloma.  La obra se estrenó en 1929, protagonizada por Libertad Lamarque, y llegó a realizar más de mil representaciones. Fue tal el éxito que en 1936 Leopoldo Torres Ríos la llevó al cine.

El tango, música porteña por excelencia, encontró en los conventillos caldo de cultivo para sus letras: mujeres solas con hijos sin padres, hombres abandonados por sus mujeres, inmigrantes que llegaban con una mano adelante y otra atrás, venganzas, muertes, despecho de amantes.

Flor de Fango, de Contursi y Gentile, del año 1917 y es un ejemplo de tangos con historias de conventillo.

Mina que te manyo de hace rato,

perdóname si te bato de que yo te vi nacer.

Tu cuna fue un conventillo

alumbrao a querosén.

Justo a los catorce abriles

te entregaste a la farra, las delicias del gotán.

Te gustaban las alhajas, los vestidos a la moda

y las farras de champán …

Otro tango famoso, Margot, de 1919, de Celedonio Flores con música de Gardel y Razzano,

 Se te embroca desde lejos, pelandrún a abacanada,

que has nacido en la miseria de un convento de arrabal,

porque hay algo que te vende, yo no sé si es la mirada,

la manera de sentarte, de charlar o estar parada,

o ese cuerpo acostumbrado a las pilchas de percal…

Ahora vas con los otarios a pasarla de bacana

A un lujoso reservado del Petit o del Julien;

y tu vieja, pobre vieja, lava toda la semana

pa ´ poder parar la olla con pobreza franciscana

en el triste conventillo alumbrado a querosén.

Los ejemplos son interminables y todos cuentan cómo se vivía en estas casa de inquilinato. Muchos pudieron salir, a fuerza de trabajo, y comprar alguna propiedad o alquilar alguna casa. Otros murieron con la esperanza de que sus hijos pudieran alcanzar lo que ellos no pudieron. Lo cierto es que los conventillos, más allá de todo,fueron la puerta de entrada para los nuevos habitantes de estas tierras.

Quería compartir las fotos que saqué en el museo que se levanta en Ellis Island pero no encontré ninguna. Me parece una gran excusa para volver a Nueva York.

Publicado por Pato Gutiérrez Méndez

Escribo libros infantiles y juveniles. Curiosa por la historia desde los seis años. Comparto todo lo que aprendo.

2 comentarios sobre “Conventillos en la ciudad del puerto.

  1. Muy bueno! ¿los conventillos estaban también en NY?
    Dato de color: el primer destacamiento de bomberos, el N° 1, está en La Boca que justamente nació debido a los continuos y grandes incendios iniciados en los conventillos (muchas, gente, braseros, etc) 😉

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