La Sociedad Lunar: el Think Tank de la Revolución Industrial.

Entrar a una librería y ver un libro que quiero es una de las cosas que más me tientan en la vida. Eso y chocolate. Si es amargo mucho mejor.

Hace varios meses encontré un mamotreto de Eric Hobsbawm, mi historiador preferido. Era un libro que contenía tres de sus más importantes escritos: La era de la Revolución (1789-1848), La era del Capital (1848-1875) y La era del Imperio (1875-1914).

Lo compré, aún sabiendo que en aquel momento no iba a leerlo. En cambio, sí había leído su libro sobre el siglo XX. Una joya que toda persona a la que le guste la historia debería tener el placer de disfrutar.

Aprovechando los días primaverales decidí comenzar a leer el mamotreto. Me senté al sol, con post it y lápiz negro para marcar y subrayar, y comencé a leerlo.

En el primer capítulo del primer libro cuenta cómo era el mundo previo a la Revolución Francesa. Y, en medio de ese relato, apareció el nombre de la Sociedad Lunar. El nombre me pareció de lo más curioso e investigué para saber de qué se trataba.

Los cambios abruptos ocurridos en los siglos XIX y XX tuvieron su raíz en el siglo XVIII. Se toma a la Revolución Francesa como puntapié inicial de esos cambios. Pero, en realidad, tuvo que existir un caldo de cultivo para que esa Revolución se generara.

Uno de los terrenos fértiles en dónde brotaron las ideas que en la acción llevarían a la toma de la Bastilla fue lo que se conoció como Ilustración.

Si buscamos Ilustración en alguna enciclopedia vamos a encontrar Movimiento filosófico, político, literario y científico que se desarrolló a lo largo del siglo XVIII conocido también como el Siglo de las Luces. Y está bien, eso fue. Pero la característica fundacional de este movimiento fue la racionalidad. El centro dejó de ser lo supersticioso (Dios) y la razón se convirtió en el instrumento que debía bañar todas las áreas de acción del hombre.

Los países comenzaron a buscar el progreso a través de la maximización de recursos y esto sólo podía lograrse con la razón.

Hacia 1780, como bien señala Hobsbawm, (…) todos los gobiernos continentales que aspiraban a una política racional fomentaban el progreso económico y (…) el desarrollo industrial (…). El país con mayor progreso era Inglaterra y fue allí, no casualmente, que se formó la Sociedad Lunar.

En 1765, en Birmingham, Inglaterra, se formó un club llamado el Círculo Lunar. Más tarde se convertiría en Sociedad. ¿De qué se trataba? ¿Qué hacían en este club? El periodista escocés Peter Ritchie-Calder lo definió en un artículo como una de las tertulias más importantes de la historia de la ciencia y tecnología.

Matthew Boulton (ingeniero e inventor asociado a James Watts para fabricar la primera máquina a vapor), William Small (matemático y filósofo) y Erasmus Darwin (Naturalista y abuelo de Charles) tuvieron la idea de juntarse a discutir temas de química, ingeniería y física.

Se juntaban una vez por mes, las noches de luna llena para que la luz de la luna pudiera alumbrar el camino de regreso a sus casas. Por eso la sociedad lunar.  Se llamaban a sí mismos lunáticos. El lugar de reunión habitual era la casa de Boulton y, aunque eran muy selectivos en quiénes podían participar, la sociedad llegó a contar con hasta 14 miembros.

Los integrantes de la Sociedad Lunar fueron importantes para lo que luego se conoció como Revolución Industrial. Muchos de los avances tecnológicos y científicos fueron incubados allí, como en las incubadoras actuales, sólo que en aquella época ¡no tenían rayos láser para jugar! Es por eso qué me animo a decir que eran los Think Tank de la época. ¿Quiénes fueron? Se los presento:

James Watt (inventor, ingeniero mecánico y químico) y Matthew Boulton (industrial) inventaron la máquina de vapor. William Murdoch (ingeniero mecánico e inventor) inventó el motor a vapor de cilindro oscilante y el alumbrado a gas. Joseph Priestley (clérigo disidente, teólogo, filósofo y educador) descubrió el oxígeno. Aunque en este caso hay una disputa con Carl Scheele y Antoine Lavoiser (a quienes se les atribuye este descubrimiento). Priestley fue el primero en aislarlo en forma gaseosa. Richard Lovell Edgeworth (escritor y educador) inventó el tractor oruga. James Keir  (químico y geólogo) inventó una aleación de cobre, hierro y zinc que puede forjarse en frío y caliente. John Whitehurst (relojero y científico) realizó aportes importantes en el área de la geología, creó compases de precisión e inventó el motor de pulsación conocido como bomba de ariete. William Small (físico y profesor de filosofía natural) fue mentor de Thomas Jefferson (tercer presidente de los Estados Unidos).

Y acá tengo que detenerme porque hubo dos integrantes singulares: Erasmus Darwin (médico, naturalista, fisiólogo inventor y poeta) en su trabajo más importante describió la existencia de un pasado en común a toda la vida. Asimismo, en el área medicinal, experimentó con gases y aire para tratar infecciones y realizó experimentos con el galvanismo. Josiah Wedgwood (diseñador y alfarero) padre de la cerámica británica. Estos dos “lunáticos” fueron los abuelos paterno y materno de Charles Darwin.

Se reunían por lo general al mediodía cuando se deleitaban con alguna comida y la tertulia solía extenderse por ocho horas. Si bien cada uno exponía sobre su trabajo, la velada servía también para sembrar ideas para el futuro. Por otra parte, no todo era ciencias. El arte y la literatura, especialmente la poesía, estaban siempre a la orden del día. También recibían invitados. El más famoso fue Benjamin Franklin.

Como ocurrió en todas las épocas de la historia, lo diferente y, especialmente si era científico, comenzó a ser mal visto y preocupante para los detentores del status quo. En 1791, un grupo de irracionales saqueó y quemó la casa de John Priestley (uno de los lugares de reunión) porque creyeron que estaba celebrando un aniversario de la Toma de la Bastilla. Priestley se mudó a los Estados Unidos y la sociedad comenzó a decaer hasta cerrarse definitivamente en 1813.

Por suerte para las generaciones venideras, en última instancia, los irracionales no ganan la partida y las ideas generadas en aquel club florecieron en los siglos XIX y XX.

En 1990, Rachel Waterhouse (escritora, historiadora y promotora de la ciencia) impulsó la reapertura de la Sociedad Lunar. Actualmente funciona en Birmingham, donde nació, y persigue el mismo objetivo que la original: ser una plataforma de lanzamiento hacia el futuro a través de debates de ideas con miembros de todas partes del mundo.

El progreso no puede detenerse.

Publicado por Pato Gutiérrez Méndez

Escribo libros infantiles y juveniles. Curiosa por la historia desde los seis años. Comparto todo lo que aprendo.

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