El picnic paneuropeo

Cuando era chica me confundía siempre a las dos Alemanias, simplemente porque no entendía cómo la Alemania comunista llevaba en su título la palabra democrática. Pensaba en democracia y decía “debe ser la Alemania occidental”. Pero no.

A partir  1990 ya no tuve que preocuparme por recordar los nombres de los dos países porque por fin, después de cuarenta años, Alemania volvió a ser una sola.

El proceso de reunificación tuvo su puntapié inicial el 9 de noviembre de 1989 cuando cayó el muro que dividía a Berlín en dos. Fue parte de la estrategia de flexibilización y apertura política (Perestroika) y económica (Glasnot) que implementó el gobierno de Mijaíl Gorbachov, líder de la URSS. El comunismo era un enfermo terminal, conectado a la vida sólo por un cable que el propio Gorbachov desconectó. Pero hacía tiempo ya que estaba en estado vegetativo irreversible.

El comienzo de apertura de la URSS fue la primera ficha del dominó. Todas las experiencias comunistas atrapadas detrás de la cortina de hierro fueron cayendo una a una.

Pero hubo un hecho en particular, dentro de uno de los países satélites de la URSS, que provocó la inmediata caída del Muro de Berlín.

A principios de 1989, el primer ministro húngaro, Miklos Nemeth, comenzó a desmantelar el sistema de protección de fronteras de su país. Ante la “flexibilidad” del paso a otros países, en el verano de aquel año, cientos de turistas de Alemania del este viajaron a Hungría con la esperanza de poder huir a Austria.

Las autoridades húngaras y austríacas propiciaron un picnic entre los dos países, como muestra de buena vecindad, para el 19 de agosto. La idea era abrir la frontera durante tres horas; cortarían el alambre de púas en las cercanías de la localidad de Soprón, Hungría.

No fueron los húngaros los interesados solamente. Ese día acamparon alrededor de 600 alemanes para aprovechar el picnic y huir hacia el oeste. Lo interesante fue que la policía húngara no resistió el paso de las personas, no las detuvieron.

Pero, luego de ese día, aunque la frontera volvió a cerrarse, los alemanes no volvieron a su país sino que intentaron seguir pasando. Hasta que la noche entre el 21 y 22 de agosto, un hombre de 36 años llamado Kurt Werner-Schulz, que intentaba huir hacia Austria, fue asesinado.

Ante el aluvión de alemanes tratando de salir de su país, el primer ministro de Hungría,  Nemeth, voló a Berlín a encontrarse con Helmut Kohl, su par de Alemania Federal, y le informó que en septiembre abriría la frontera definitivamente. Por supuesto, Moscú estaba al tanto y avalaba.

El 11 de septiembre de 1989, cuando Hungría abrió sus fronteras, unos treinta mil alemanes estaban haciendo fila para huir de Alemania del este. El gobierno de la República Democrática de Alemania trató de impedir el éxodo de sus ciudadanos hacia Hungría pero fue imposible.

El entusiasmo era imparable. La puerta de salida se había abierto y había entrado la esperanza. Durante dos meses, los ciudadanos alemanes se levantaron en diferentes protestas que finalmente terminaron con la caída del Muro de Berlín el 9 de noviembre.

El 4 de octubre de 1990, el día después de la entrada en vigencia de la unificación de Alemania, Helmut Kohl declaró: «Fue en Hungría en donde tiraron la primera piedra del Muro de Berlín«

Publicado por Pato Gutiérrez Méndez

Escribo libros infantiles y juveniles. Curiosa por la historia desde los seis años. Comparto todo lo que aprendo.

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