Los otros guetos de la segunda guerra mundial

Hace algunos veranos, cuando aún no existía Netflix y no estaba de moda ver series, pasaba las tardes de calor tirada sobre el piso frío mirando una serie llamada Cold Case. Se trataba de casos policiales no resueltos y archivados y que un grupo de detectives retomaba para resolverlos.

En uno de los capítulos, se dedicaban a investigar el asesinato de un hombre de ascendencia japonesa en un internment durante la Segunda Guerra Mundial. Recordé, vagamente, haber visto una película sobre este tema.

Los internments era internados o guetos, situados en varias locaciones, especialmente California, Washington, Arizona y Oregon (en Estados Unidos), en donde se relocalizaron a los japoneses y descendientes de japoneses (aún si fueran norteamericanos) luego del ataque a Pearl Harbour.

El 19 de febrero de 1942, el presidente de los Estados Unidos, Franklin D. Roosevelt firmó la Orden Ejecutiva 9066Executive Order 9066 – por la cual se dispuso que ciertas zonas militares se consideraran como zonas de exclusión para la internación de personas japonesas o de ascendencia japonesa. Consideraban que todo ciudadano de ascendencia japonesa podía ser un espía.

Pero también cuidaron del patio trasero: América Latina. Un total de 2.200 descendientes de japoneses fueron llevados a estos internados desde México, Perú, Chile, Brasil y Argentina.

Los internments estaban conformados por barracas militares cercadas con alambre de púa. Al llegar, a los internados se les daba una placa con un número para ser identificados. Las condiciones de vida eran paupérrimas y la comida se limitaba a una ración de 48 centavos por día.

Una de las posibilidades para evitar este encierro era alistarse en el ejército. Al igual que ocurrió con los afroamericanos, conformaban regimientos apartados. Descendientes de japoneses formaron parte del Regimiento de Infantería 442, cuyo teatro de operaciones fue Italia, el sur de Francia y Alemania. Resultó ser el regimiento más condecorado en Francia, ganándose 21 medallas de honor.

Mientras unos luchaban por la libertad, del mundo y propia, otros vivían en confinamiento. Fueron varios los campamentos. Manzanar, Tule Lake, Topaz o Jerome. Se dice que el Tule Lake fue el de régimen más severo. Allí reubicaban a sospechosos de espionaje o a los que pedían ser repatriados a Japón (esta era otra opción: volver a Japón).

En total, unas 120.000 personas, japonesas o descendientes de japoneses, fueron encerrados en los internments. Algunos dejaron su testimonio.

Recuerdo que tuve que quedarme en un establo sucio en Santa Anita. Recuerdo haber pensado “¿Soy yo un ser humano? ¿Por qué somos tratados así?” Santa Anita apestaba como el infierno. A veces me daban ganas de mandar al gobierno al infierno. El gobierno nunca va a poder reparar el sufrimiento de estas personas (…) Espero que este país nunca olvide lo que pasó, y voy a hacer lo imposible para asegurarme que las futuras generaciones no lo olviden. Albert Kurihara. Santa Anita Assembly Center. Arizona.

Luego de la entrevista inicial, my nombre se redujo al número 13660. Me dieron varias etiquetas con el número y luego me sacaron de la oficina (…) el equipaje estaba apilado a un costado. Los autobuses Greyhound esperaban en fila. Mine Okubo. Tanforan Assembly Center. San Bruno.

Dorothea Lange, la famosa fotógrafa que retrató la Gran Depresión por encargo del gobierno de Roosevelt, tomó fotografías de la reubicación de japoneses y descendientes. Este material fue incautado y censurado. (Actualmente pueden verse en los Archivos Digitales de la Universidad de California y en el National Archives Catalogue).

En la primavera de 1944, el Departamento de Guerra recomendó el cierre de estos campos, pero, debido a la campaña de reelección de Roosevelt, la medida se postergó y, recién en 1945, se liberó a las personas en confinamiento. Al salir recibieron un boleto de tren y 25 dólares.

En 1988, el presidente Ronald Reagan firmó el Acta de Libertades Civiles, por la cual se pidió una disculpa formal por el accionar del gobierno y se otorgó una reparación a los sobrevivientes.

Mientras escribía este posteo traté de recordar cuál era la película que había visto. Pero claro, ya no hace falta recordar porque existe Google. Les dejo el tráiler la Come see the Paradise. Más allá de ser una historia de amor de Hollywood, pueden ver cómo eran los otros guetos de la Segunda Guerra Mundial.

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